Al salir de la consulta empecé a sentirme mal. Ya preveía que podría ser algo así. Tampoco era para tanto. Entonces, ¿por qué estaba mareado? Me dijeron que tenía acromatopsia galopante, que en romano quiere decir que donde dije verde que quiero verde digo azul que quiero amarillo. Adiós a mi carrera de guardagujas, desactivador de explosivos, piloto de reactores, fotógrafo, electricista, microscopista,… Aturdido camino la por gente repleta de compras con calle. La acera me parece gris, ¿es gris para los demás?...como tengo que recomponer mi orden moral y lógico alzo la vista. Una barbie recauchutada taconea en desfile marcial, ¿será platino? Cuando advierte que la miro me devuelve la mirada, de arriba a abajo, y sonríe, ¿es mi gallardía lo que la impresiona?, me parece que no, acabo de pisar una mierda que debe ser de mastín de los pirineos y, demonios, juraría que tiene un color marrón profundo. Me descompongo un poco más. Hago piruetas sobre el bordillo, apoyado en una farola. Por el momento no llueve. Me viene a la memoria aquella noche con ella en la estación de servicio. A la luz de los neones, entre los mensajes de ha seleccionado eco-súper 97 y pase por caja, le decía que iba a ser mi bombilla del alba, que era más dulce que una cucharada sopera de azúcar blanquilla, que sus ojos de buey eran de un color azul marino… recuerdo que apreté fuertemente los ojos y fruncí la boca, y que ella no se sintió invitada, sino que armó el brazo y me soltó un sopapo, ¿cómo que azul marino?...todo encajaba ahora…Así es como me dejó por un decorador de interiores, lo que, lejos de afligirme, me produce una extraña sensación de alivio. (qué remedio; esto empieza a degenerar)