viernes, septiembre 08, 2006

Demos un pequeño salto

Llego al puente piedra, y como cada tarde me ofrece su amplia escalinata. El sol cae por el horizonte. Casi siempre vuelvo cansado y cabizbajo. Al paso la brisa que por allí arriba corre me hace levantar la mirada. A pesar de que se encuentran de frente no parecen mirarse. A sus pies hay unas inscripciones en latín, y sobre ellas pintadas graffiteras. Me duelen los pies, vuelvo a bajar la mirada. Las losas, desgastadas, se empeñan en torcerme los tobillos. Su sucesión me parece un continuo de lápidas de muertos sin nombre. Más adelante hay un gorrilla. En medio de un puente un hombre pide. Es un pobre a tiempo parcial. Evita las horas de más sol. No sé dónde se refugia. Es precavido y lleva paraguas. Creo que nunca ha cogido la baja, pero no le auguro mucha fortuna. La gente suele pasar por el puente presurosa. El puente termina y derrama de nuevo sus peldaños sin contemplaciones. Tiene cierta gracia, un puente sobre un lecho seco. Debería revisar mis puentes, creo que muchos de ellos tampoco salvan ya el paso del agua, en especial los dentales.