New years resolutions
Aún no había terminado la función cuando el auditorio empezó a levantarse de sus asientos. Como un sólo rostro enfurecido comenzó a arrancar las butacas para lanzárselas y a gritar toda clase de insultos. Tampoco pensaba que fuera para tanto, pero visto que el parlamento no era la mejor opción salió corriendo a encerrarse en su camerino. Tras un largo rato cesó el griterío. La gente había desistido de darle boleto y ya se dispersaba por las calles aledañas en busca de algún garito donde cambiar de humor. Aquella habitación daba pena. No había flores frescas, ni tarjetas de admiradores, ni champán, ni raso ni armiño. Las bombillas temblaban alrededor del espejo. Sobre el vetusto aparador se apretujaban los tarros de maquillaje. Ya no le quedaron lágrimas que derramar. Un hilo de carmín se abrió paso entre la sombra de ojos y el quitaesmalte. En esta ocasión no dejaría que se fueran antes de caer el telón

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